The Cleanest Line


Salmon in a raft cage.  Photo: Dani Casado
Salmon in a raft cage. Photo: Dani Casado

Estado Salmonero

By Daniel Casado   |   May 15, 2019 May 15, 2019

Pasé mi cumpleaños número 20 en la Estancia Puerto Consuelo, celebrando como lo saben en Magallanes: cordero al palo, mate, vino y buenos amigos. Fue un verano inolvidable y mi primera vez en la Patagonia. Viniendo de Santiago, no podía creer que hubiese un lugar tan potente, puro y lleno de belleza en mi propio país.

Ese viaje transformó mi vida por completo, al poco tiempo volví, para trabajar como guía en el Parque Nacional Torres del Paine, y desde ese entonces, hace ya más de 20 años, es un lugar que ocupa la mayor parte de mi tiempo y mis pensamientos.

Luego de 3 años viviendo en la zona y de la creciente cantidad de turistas que llegaban a Puerto Natales, decidí trasladarme a un lugar más remoto e inexplorado, el archipiélago de Las Guaitecas- donde viví por 8 años-; cientos de islas inhabilitadas, naturaleza prístina, bosque siempre verde desde la cima de las montañas hasta el borde del mar, y lluvia, mucha lluvia.

Fue mi primer encuentro con la salmonicultura.

Pude ver cómo la industria salmonera iba poco a poco colonizando fiordos prístinos, canales e islas que antes parecían el paraíso. Lugares que estaban totalmente puros y limpios, llenos de vida y sin rastros de presencia humana, empezaban a cambiar drásticamente. Alto tráfico marítimo, mucha basura a la vista; boyas, cuerdas, pontones varados, espumas de colores extraños en las orillas de las playas, centros y más centros salmoneros.

Y como era de esperarse, si el negocio es bueno, que crezca! Se aumentó la producción sin control; más exportaciones, más plata, más pescado…Así fue como llegó la crisis del 2007.

8 tons of stranded sardines, caleta Queule. Photo: Dani Casado

8 toneladas de sardinas varadas, caleta Queule. Photo: Dani Casado

El virus ISA, la temida anemia infecciosa del salmón, afectó a la mayor parte de los centros en la X y XI regiones, causando la muerte de 40 mil toneladas de salmones y la pérdida de cerca de 30.000 fuentes de trabajo. Fue un golpe fuerte para la gente de la región, despidos masivos, pérdidas económicas, impacto medioambiental y social profundo. Amigos endeudados construyéndose sus barcos, con esfuerzo, se quedaban ahora con las manos vacías.

Ese año se remeció la industria. Prometieron cambios estructurales para evitar esta clase de “inconvenientes” en el futuro. Una de las medidas fue el aumento del uso de antibióticos para evitar enfermedades. A la fecha y según cifras de Oceana, anualmente se usan más de 382 t toneladas de antibióticos en la producción de salmones en Chile. 700 veces superior a lo utilizado por Noruega que solo ocupa 523 kgs. La misma ONG afirma que la totalidad de empresas salmoneras que operan en Chile supera el uso promedio de antibióticos permitido en Noruega y el 95% de las chilenas supera el promedio de Canadá.

Recuerdo que una de las medidas que empezaron a usar, fue la “desinfección” de embarcaciones. Cada vez que te acercabas a un centro salmonero, venía una lancha a rociar tu bote de un líquido “desinfectante” a la cubierta y los costados. Averiguando, resultó que estas enfermedades se pegaban al casco de los botes. ¿Por qué entonces rociaban la cubierta si la “infección” estaba en el casco, bajo el agua? Recuerdo haber pensado: “Estos no entendieron nada”…

Young protesters on the road, Chiloé May 2016. Photo: Dani Casado

Jóvenes manifestantes en la carretera, Chiloé Mayo 2016. Photo: Dani Casado

Viajando en los botes de mis amigos, escuché personalmente diálogos del tipo: “Me enteré que venían a hacer un control el miércoles, así que tuve que esconder todo en otra isla, para no tener problemas”. SERNAPESCA el organismo encargado de fiscalizar, tiene solo una embarcación, un zodiac, para fiscalizar a toda la región…

Empecé a investigar y a meterme en el tema, conocer a pescadores, biólogos, activistas locales, y me di cuenta, que como dice mi amigo Héctor Kol, uno de los principales activistas del tema, que desde Puerto Montt al sur, no existe el Estado chileno. Lo que hay es un Estado Salmonero, donde se opera con otras leyes y se toman otras decisiones, basadas solamente en los intereses de la industria.

Para solicitar una concesión salmonera, hay que hacer una “declaración” de impacto ambiental, es decir: yo, simplemente declaro que mi salmonera no va a afectar el medioambiente, así sin más. ¿Cuál es la capacidad de carga? ¿Qué vida hay en ese ecosistema? ¿La intensidad de las corrientes? ¿Los usos de ese lugar? ¡Quién sabe!

Hoy, hay en Chile más de 1300 concesiones salmoneras otorgadas. Muchas de ellas, operando entre la región de los Lagos y Aysén, y más recientemente, en Magallanes.

Luego de años operando preocupándose solo del retorno económico, llegó la crisis del 2016, el “Mayo Chilote”. Ese año vararon más de 500 ballenas, toneladas de machas, 10.000 calamares gigantes, 8 toneladas de sardinas y otras especies.

Botaron al mar más de 9000 toneladas de salmones descompuestos, abonando así, la ya presente marea roja, y causando un “Fenómeno” del niño on steroids…Hasta el día de hoy la industria niega alguna relación de su accionar con el envenenamiento del mar. Lo asocian más bien a nombres técnicos: blooming de algas, surgencias de agua, calentamiento global, condiciones climáticas.

Protests on Ancud Bridge, May 2016. Photo: Dani Casado

Manifestantes en el puente de Ancud, Mayo 2016. Photo: Dani Casado

Durante la crisis, estuve fotografiando en Chiloé, registrando este momento histórico. La gente salió a las calles, se tomaron las carreteras, pusieron barricadas en todas las rutas, familias enteras manifestándose porque de golpe se dieron cuenta que les habían robado su bien más preciado, el Mar. Pescadores que no podían pescar, varazones masivas, aves muertas, machas, y la marea roja expandiéndose por toda la isla.

¿La solución? Un bono de $150.000 a los afectados.

Para una industria que exporta al año más de 5 BILLONES de dólares, me pareció impresionante…

Luego de años operando de esta manera, la región de Los Lagos y la región de Aysén colapsaron medioambientalmente. Entre los años 2010-2018 se generaron condiciones anaeróbicas, es decir condiciones donde la vida es IMPOSIBLE, en más de 500 centros de cultivo de salmones.

Si el lugar donde operas, literalmente se muere, ¿no deberíamos pensar que hay algo mal?

Con esta dinámica de crecer a cualquier costo, es que la industria se trasladó a Magallanes, la región más austral de Chile, hogar de las aguas dulces más puras del planeta y puerta de entrada a la Antártica. Una región de una belleza y potencial turístico ilimitado.

Hoy operan ya más de 100 centros y hay 114 concesiones otorgadas, y 265 en trámite. Ya llegó el virus ISA, ya se generaron condiciones anaeróbicas en el 53% de los centros en funcionamiento. Entonces me pregunto: ¿Qué va a tener que pasar para que haya un cambio real? ¿Es lo único que importa el dinero?

La historia se repite, exactamente igual, y no podemos permitir que destruyan la última región que nos queda.

Esto tiene que parar.

Únete al esfuerzo, patagonia.com/EstadoSalmonero.

Comments 0

Related Articles

« »